Nuestra Navidad con Xolbock

Imagen generada por I. A. Suárez V.

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Una de las fechas más esperadas por muchas personas es la Navidad, una festividad que se ha celebrado desde hace varios siglos. No siempre ha llevado el mismo nombre ni se vive de la misma forma en todas las culturas, pero el evento siempre gira en torno al solsticio de invierno.

En la actualidad suele decirse que es solo una festividad para inflar las ventas y gastar el aguinaldo, donde se premia el consumismo con personajes inventados como Santa Claus. Sin embargo, este artículo no lo escribo para desglosar las raíces de la Navidad, si es Nativitas, si es Yule o si es el nacimiento de Jesús. En esta ocasión solo quiero contar cómo es que mi familia nuclear vive esta festividad.

Para terminar de contextualizar, no creemos en Santa. ¿Por qué da regalos?, ¿por qué empezó a darlos?, ¿cuándo nació Santa?, ¿quiénes son sus padres? Existen respuestas y muchas más preguntas alrededor del enigma de Santa, pero no es un personaje que realmente nos represente. De la misma forma, no somos creyentes del judeocristianismo, por lo que el nacimiento de Jesús no es algo que celebremos.
Por tal motivo, estos dos elementos, que para muchas personas son los pilares de estas fechas, para nosotros no lo son.

En nuestro caso, esta festividad es algo, un poquitín, más grande. Dura casi un mes, desde el 12 de diciembre hasta la primera Luna Llena o Luna Nueva de enero, entre el 1 y el 15. Así que abarca Navidad, Año Nuevo y Reyes Magos. Estos últimos tampoco los celebramos, por las razones ya mencionadas.
También tenemos una entidad importante. Se llama Xolbock. Es un alebrije, cambia de colores cada año, similar a un chivo y a un xoloitzcuintle. Es como una mascota espiritual familiar.

El 12 de diciembre comenzamos a colocar los adornos de la casa y el arbolito de Navidad. Decoramos principalmente con colores verde y rojo, colocamos luces de colores y, por supuesto, ponemos a Xolbock en el árbol. Continuamos con los adornos que hagan falta hasta el día 14.

El 15 de diciembre, aprovechando que ya movimos cosas, empezamos a probarnos la ropa que tenemos. Toda la que ya no nos queda o no usamos la colocamos en cajas debajo del árbol. De la misma manera, sacamos algunos juguetes que mi hijo ya no utiliza y otros objetos que ya no usamos.
También revisamos aquellas cosas que ya no sirven y valoramos si tienen arreglo o si es mejor desecharlas. Esto tiene un objetivo claro: no acumular cosas innecesarias y ser realistas con los objetos que muchas veces conservamos con la idea de que algún día los vamos a arreglar y nunca lo hacemos.

Para el día 21 de diciembre ya habremos terminado de revisar todo y de colocarlo debajo del arbolito. Ese día solemos llevar los artículos a distintos lugares. Los que necesitan arreglarse los llevamos a reparar y los que ya no usamos, pero están en buen estado, los donamos, ya sea al DIF, a orfanatos o a casas de ayuda.
Esta es una bonita forma de enseñarle a mi hijo que no debe volverse aprensivo con las cosas y que también aprenda a ser altruista. Ese mismo día solemos festejar lo que sería nuestra Nochebuena, ya que coincide con el solsticio de invierno. Cenamos, vemos películas, nos desvelamos y la pasamos en familia. Al día siguiente retiramos a Xolbock del arbolito.

En Año Nuevo celebramos de manera normal. No solemos hacer nada especial ni los días previos.

El día de Luna Llena o Luna Nueva, el primero que ocurra, es cuando Xolbock regresa al arbolito con regalos. Estos dependen de cómo se comportó mi hijo durante el año, y no de si obedeció o no. Más bien depende de si ayudó a los demás, si fue amable, si compartió sus cosas con otros niños sin quejarse.
No se trata de hacer las cosas bien para obtener recompensas, sino de que él se sienta bien haciendo el bien. Esta es solo una forma simbólica de que la vida le devuelva lo que dio.

Sé que en México tenemos muy arraigada la costumbre de escribir la carta a los Reyes Magos, enviar el globo o dejar la bota. Incluso yo crecí con esa tradición. Aunque no se la inculcamos, suelo explicarle que en distintas partes del mundo las personas tienen creencias diferentes y distintos seres que traen regalos a los niños. También le cuento que algunos de sus primos reciben regalos el día 6 o que a otros niños Santa les trae regalos en Navidad.
En nuestra familia, en cambio, es nuestro alebrije familiar quien lo cuida y lo consiente con regalitos de vez en cuando.

Sé que muchas veces, cuando digo que sigo una senda pagana, algunas personas imaginan que hacemos cosas extrañas o rituales exagerados, y prefiero no repetir ciertos comentarios que me han hecho. Pero esta es nuestra forma de vivir la Navidad, donde aprovechamos los días de vacaciones para disfrutar de nuestra compañía y pasar tiempo en familia, sin dejar de fomentar la caridad y el altruismo con nuestro hijo.


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