Muchas veces nos sentamos a contar cómo unos vencen a otros, cómo alguien pequeño se convierte en grande. En esta ocasión quiero contar la historia de lo que nunca tiene voz.
Como ya mencioné, todo empieza con un pequeño. Un ser tan importante que, siendo pequeño, logró hacer cambios significativos. Aunque en nuestra historia fueron cuatro los que iniciaron este desastre: Bubny Colorado, Flor Negra, Love Red y Pique Oscuro. Dos caballeros y dos damas que podrían haber vivido en plena armonía, pero nunca entenderé qué pasó por sus mentes.
Permíteme presentarme, soy Blanco. Aunque mi nombre es extraño, me lo dieron por mi peculiar aspecto sin rastro de color. No es que me moleste, pero esto me mantiene aislado de muchas cosas, que en ocasiones despiertan mi curiosidad, aunque sé que tenerlas me destruiría.
Quiero dejar claro que me gusta lo que soy y disfruto de mi soledad. Y aunque a veces me agrada interactuar con otros, suelo preferir lo que soy… o mejor dicho, lo que solía ser.
Un día llegaron estos cuatro seres. Si bien no me fascinó la idea, tampoco es que pudiera haber hecho gran cosa. Cada uno tomó un lugar en mí y se asentó. Todo estuvo tranquilo: cada quien con sus vidas, y poco me importaba lo que hacían. Incluso con el tiempo empecé a acostumbrarme a ellos, pero de pronto vi cómo Pique se duplicó. Eso fue muy extraño; ya no era uno, eran dos completamente idénticos, o al menos a mí siempre me lo parecía.
Al principio me resultó raro, pero no pensé que cambiaría las cosas. Sin embargo, la otra, que vivía en la esquina opuesta y se parecía mucho a él, hizo lo mismo: se replicó. Pero ella lo hizo aún más. Lo que empezó como un hecho aislado se volvió algo que se repetía, y claramente no me gustaba, porque cuanto más eran, más de mí iban a querer. Love y Bubny comenzaron a hacer lo mismo. Cada vez eran más. Pique y Flor no paraban, y seguían multiplicándose: primero unos pocos, pero cada vez más, y esos más demandaban cada vez más de mí.
Yo no sabía qué hacer. Estaban reduciéndome a nada; entre más eran ellos, menos era yo. Cada día veía a más y más de esos seres rojos y negros que me invadían. Yo, por más que trataba de sacudirme o moverme, no podía lograr que se fueran. Así que se me ocurrió empezar a romperme. Si los dejaba atrapados en pequeñas partes, tal vez dejarían de multiplicarse. Con mucho dolor empecé a dividirme en pequeñas secciones: en algunas quedaban dos, en otras tres, en otras diez…
Todos quedaron divididos en pequeños grupos. En una isla quedaron solos aquellos que habían iniciado todo, y lo hice con la esperanza de que entendieran lo que habían causado con sus actitudes y para que no volvieran a hacerlo. Pero eso solo era el comienzo…
Ahora que estaban separados, sí dejaron de multiplicarse, pero comenzaron a pelear entre ellos. Por momentos, los colorados hacían alianza con los Red y se ponían en fila para atacar a los negros y oscuros. Pero luego olvidaban esa alianza y volvían a atacarse entre ellos: los de mayor número contra los de menor. Después se agrupaban de nuevo y me utilizaban como el campo de batalla para sus atrocidades.
Hay pequeños momentos de paz en mí cuando ellos descansan, pero cuando reinician los ataques, solo veo cómo se juntan en lo que ahora parece un todos contra todos. A veces se unen los que comparten el mismo color o apellido, e incluso he visto que llegan a hacer alianzas los que habitan el mismo número de individuos en una isla. Pero siempre están peleando entre ellos, tratando de ganar algo que no sé qué es. Si supieran que todos ellos están sobre mí, y que yo no pertenezco a ninguno de ellos…
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Pórtate mal, cuídate bien, niégalo todo y finge demencia...
Nos leemos hasta la próxima, chao.